No comentaron el final de la película; ni siquiera lo vieron. Se quedaron juntos en el espacio que hay entre las butacas. Sin ojos para más que para oler la piel del otro.
En aquel instante les dio igual el final. No les corría prisa acabar porque lo sabían, como todos. Estaban seguros de que el sudor se secaría, que su piel dejaría de oler y que aquel final, como todos, lo verían otro día.
Estaban seguros de que esta acabaría igual que todas las historias.
FIN.