Y sucede que ahora me paso contando los días,
viviendo las noches versado en las calles
de una Ciudad de Sylvias que
enseñan las piernas antes que los dientes;
y sé que ya no tengo todas conmigo
y sé que ya ni todas sin tí.
Y sucede que ahora cabalgo ciego, sin cabeza,
a lomos de un corcel de madera.
Que no siento si hago daño.
Que no siento si me hieren.
Que lo siento si hice daño.
Que la vida ya no duele.
Y sucede que desde que viví el desigual retorno
a la soledad del escritor de fondo
busco entre las letras,
en el hueco que hay entre tu punto
y mi aparte,
la manera de aprender a olvidarte.
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Conmovedor y original a partes iguales.