Anda perdido un jinete en la llanura manchega. Un ingenioso hidalgo nacido en la montaña, que lleva los años pesando en la espada y el cansancio en la armadura.
Y en mitad de su andadura atraviesan el horizonte figuras de piedra quejumbrosas; treinta o cuarenta molinos de viento que crecen al ritmo que el solitario cruzado avanza los campos. Es al verlos que el destello de la demencia cruza los ojos del viejo, estira las arrugas de su arrogante valor y azuza a la montura de su ideario de novela.
Y así el hidalgo enloquecido cabalga lanza en ristre y rostro embozado. Avanza hacia el inmóvil gigante blandiendo su estandarte mientras grita al viento y al molino “Euskadi ta askatasuná”.
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