Cuentan que es así y
yo lo he visto.
Lo juro.
Juro que
en su barrio hasta los perros son más feos.
En su calle las alondras tienen cuernos y
en su acera, cuerpos sin vida se abrazan,
se agitan, suplicando a los cuervos
que sean los gusanos de sus lenguas,
los que escupan el último te quiero.
Que por dos monedas de plata
te conduce Caronte hasta el portal
Que las cabezas del Cerbero
se dentellan por pasar.
Que aúllan las tres hacia dentro,
engañadas y perdidas,
creyendo que aún custodian
unas puertas más antiguas
del grandioso y viejo infierno.
Juro que
vive en ese espacio tras el muro
alimentándose del odio y de la carne
del rencor y de la sangre vertidos por
sus garras.
Lo que levantó a los muertos.
Lo que desató la ira de
las plagas y
forjó este espejo del diablo mundo.
Ese monstruo, bruja, demonio o furia
duerme entre nosotros y aún respira
sudando dolor, desespero y ruina.
Sabed que
las alondras, Los gusanos y los cuervos.
Cerbero, Caronte y los muertos
son matices, sutiles avisos negros
pero peregrino, caminante o viajero.
¡Huye!
y pon tu vida a salvo
si ves que en algún barrio
hasta los perros son más feos
Cuento que es así y
que todos lo han visto.
Lo juro.
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